36 horas en Guanajuato

comida, Viajes

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Hola chicas!

En el post anterior les conté cómo llegamos a Guanajuato, y ahora les describo mi experiencia recorriéndo  la capital del estado del mismo nombre. Llegamos en la tarde, luego de un largo recorrido en carro. Escogimos un hotel boutique cercano a los principales centros de interés, que además tuviera habitaciones confortables y servicios adicionales como restaurante, spa y gimnasio.

Luego de varias horas dentro de un automóvil, queríamos comer y estirar las piernas. Así que luego de almorzar una sopa azteca tomamos el tour de las callejoneadas. Salimos de la plaza frente a la iglesia de San Diego con un purrón lleno de vino. Recorrimos varios callejones guanajuatenses, mientras los músicos de la estudiantina, vestidos con trajes de gala de estilo medieval,  interpretaban canciones, contaban leyendas y bromas típicas de la zona. El recorrido termina en el callejón más emblemático, el del Beso.

Luego del tour salimos a cenar a uno de los resturantes frente al Jardín de la Unión, celabrando el aniversario que cumplíamos en esos días. Comimos enchiladas mineras, tradicionales del lugar y usé por primera vez los únicos tacones que llevaba en mi equipaje.

El día siguiente lo iniciamos con ejercicios. El gimnasio del hotel no cumplía con nuestras expectativas, pero Joaquín resolvió hacer una rutina sencilla y rápida para no perder la costumbre. Luego de nuestro desayuno usual cuando estamos en México: chilaquiles con huevos, frutas con yogurt, café y jugo, salimos a recorrer la ciudad caminando.

Los principales lugares que deseaba conocer eran el Mercado Hidalgo, el Teatro Juarez y el mirador del Pípila. Mientras caminábamos hacia cada punto, nos encontrábamos con otros sitios, como el Templo de la Compañía, la Escalinata de la Universidad de Guanajuato, la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato, el Templo de San Francisco, el Moumento a Jorge Negrete y todo el encanto que encierran los coloridos callejones y los oscuros túneles.

El mercado posee una enorme bóveda metálica de estilo victoriano y posee locales de comida, artesanías y demás ingredientes tradicionales. Luego llegamos al Teatro Juárez y logramos entrar a la sala, que es increíble. Posee una mezcla de estilos, usual dentro de la arquitectura latinoamericana, su fachada neoclásica contrasta con un interior metálico que te transporta al lejano oeste, mezclado además con el estilo morisco y art nouveau.

Al salir almorzamos al frente, en uno de los 50 mejores restaurantes de México, Casa Valadez. Decidimos combinar platillos tradicionales con otros más contemporáneos mientras disfrutábamos la vista desde la ventana. Luego decidimos subir al mirador, que se puede subir en un funicular, en autobús o a pie. El fonicular estaba en mantenimiento, así que decidimos hacerlo caminando. La vista es espectacular y el recorrido entre callejones súper interesante.

Para finalizar el día regresamos al hotel para recibir un masaje relajante en el spa y salir a cenar. Esa noche probamos otro plato de la zona, los molcajetes. En un mortero de piedra volcánica en el que preparan una mezcla de ingredientes: diferentes tipos de carne, piña, queso fundido, cebollas, en una salsa especial y deliciosa. Las margaritas son ideales para acompañarlo!

De esta manera terminamos nuestro rápido viaje a Guanajuato. Definitivamente es un lugar especial que me encanta haber podido conocer, y me gustaría poder regresar, para conocer otros rincones interesantes que nos quedaron por fuera en esta primera visita. Al día siguiente partimos en la mañana a nuestro siguiente destino, San Miguel de Allende, que les estaré contanto en la próxima publicación.

un abrazo,

Valeza

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